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La policromía contra la monotonía de Moscú
Las ciudades, como las personas, tienen un sello propio, su carácter. Cada ciudad tiene matices singulares. Moscú es dorada, almagrada, del tono de los materiales de los que se construyan tradicionalmente los edificios urbanos. Pero, el hormigón y el vidrio llegaron a relevar el asperón y el ladrillo. Y los arquitectos de la ciudad quisieron evitar la monotonía y lo ordinario de los barrios residenciales que van creciendo.
Actualmente, el espectro de los colores de Moscú se desarrolla dinámicamente. A juicio de Igor Voskresenski, pintor jefe de Moscú, en los tiempos de antes de la guerra, los pintores y constructores de ciudades operaban con unos 40 colores. Hacia la década del 60 la gama de colores se había ampliado hasta el centenar de matices y, en el cruce de los milenios, la policromía de Moscú llegaba a los 400 colores. La actual concepción de la renovación policromática de la ciudad, constante y variable en dependencia de las estaciones del año, e incluso de las partes del día permite a los especialistas hacer propuestas interesantes de hasta 600 colores. Ello comprende todo lo que vemos en nuestro entorno: edificios, autopistas, plazas, pequeñas formas arquitectónicas e incluso el transporte.
La combinación armónica del presente y de las tradiciones hacen la ciudad irrepetible. De ahí que se brindara atención acusada al centro histórico, sobre todo al Kremlin y a los edificios contiguos, al Convento Novodévichi (Ref.: de las Nuevas Doncellas), Kolómenskoe. En esto lo principal es no dañar, y todas las decisiones apuntan a subrayar con los colores y la luz la belleza y la relevancia del legado histórico-cultural. Es más, tales decisiones fueron tomadas sobre la base de investigaciones científicas, de excavaciones arqueológicas y de datos históricos.
A la historia está vinculada la gama de colores del «corazón» de la zona relacionada con la época de lo moderno, de los monumentos del denominado «clasicismo estaliniano». Otro cantar son los nuevos distritos que, en las últimas décadas, han crecido en buen número. Aquí son posibles nuevos e interesantes ensayos, el empleo de las posibilidades modernas. Las viviendas de construcciones de panel de la década del 70 del siglo pasado se ven bastante deprimentes. Según el programa de reparación general es posible reanimar los edificios de cinco pisos, aunque sea, su policromía, con colores recios. Además que, en la ciudad escasean los tonos cálidos: el invierno en Moscú dura cerca de medio año y el sol no siempre brilla en otoño. Todo este período genera depresiones en moscovitas y en sus habitantes en general. ¿Por qué no compensar las, llamémoslas «deficiencias» naturales con colores vivos e intensos?
Hoy, para cada edificio se toma una resolución policromática concreta, anualmente se extienden unos 3 mil pasaportes policromáticos para edificios habitacionales y construcciones en general. El aspecto de la manzana o del barrio depende también del alumbrado de los edificios y del ornato de los céspedes, plazas y fuentes. En un comienzo, los pintores abrigaban planes de dividir los barrios de Moscú según la gama de colores, pero decidieron renunciar a ellos por cuanto, tal decisión podía llevar a la homogeneidad que se quería evitar. Ahora está cambiando además el aspecto de las magistrales urbanas. Los arquitectos trabajan actualmente en la imagen de la carretera de Yaroslavl (Red.: Yaroslavskoe shossé), y luego viene la de Schélkovo (Red.: Schelkovskoe shossé).
La ciudad cambia de aspecto, incluso en dependencia de la hora del día, gracias al juego de colores y de luces. La idea tiene su base en la organización de media fachada, consistente de diodos emisores de luces, capaces de cambiar el aspecto del edificio durante el día. Tal experimento se realiza en Moscú en unos cuantos lugares. Uno de ellos es la fachada que se ilumina en dos hoteles situados frente al edificio del Ministerio de Exteriores.
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