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René Lalique: detalles con encanto

René Lalique: detalles con encanto

El eminente pintor y brillante estilista René Lalique (René Jules Lalique, 1860 — 1945) con un arte refinado plasmó en sus obras la imagen de una de las épocas más románticas en la cultura y arte europeos -el estilo art nouveau. El nombre de René Jules Lalique en la historia de la joyería está en consonancia con los nombres de artistas de renombre mundial tales como Carl Fabergé, Frederick Boucheron, Cartier, Louis-François, Louis C. Tiffany. La exposición retrospectiva «El arte de René Lalique» en la Sala de Exposiciones del campanario de la Asunción del Kremlin, es la primera demostración en Rusia, a gran escala, de las obras únicas del gran maestro francés.

La exposición presenta cerca de unas doscientas obras del artista: joyas, dibujos, obras de arte en vidrio, en los estilos Art Nouveau y Art Deco. Las Joyas, obras de arte gráficas y de cristal de René Lalique, demuestran las originales innovaciones artísticas del maestro en el trabajo con el metal, esmalte, vidrio, así como en la combinación de los materiales más inesperados y variados, que gracias a Lalique se conciben como lo más elevado en el estilo clásico.

En el arte mundial de la joyería y en el arte del cristal, el art nouveau prácticamente se identifica con el nombre de René Lalique. Su trabajo en el verdadero sentido de la palabra es el Renacimiento de las artes decorativas de finales del siglo XIX — principios del siglo XX.

La exposición en el campanario de la Asunción del Kremlin de Moscú es parte del programa, del año cruzado Rusia-Francia 2010. Debido a esto, adquiere un significado especial y simbólico, señalando la estrecha relación histórica entre las dos potencias, Rusia y Francia.

El proyecto de los museos del Kremlin de Moscú, dedicado al trabajo creador de René Lalique, en Rusia es absolutamente único. Las obras del maestro en museos rusos son poco comunes. Cabe señalar que anteriormente un demostración temática a gran escala de las obras de René Lalique en Rusia nunca fue llevada a cabo, solamente en la frontera de los siglos XIX — XX, las obra de René Lalique, dos veces se demostraron en San Petersburgo, la primera vez, en la exposición colectiva de la agrupación Diaghilev «Mundo del Arte» (en el año 1899), y a continuación, en el año 1903, en la exposición «Arte Contemporáneo».

Las muestras de la exposición fueron concedidas por museos de diferentes países: el Metropolitan Museum (Nueva York), el Museo Calouste Gulbenkian (Lisboa), el Museo Danés de Arte y Diseño (Copenhague), el Museo de Lambin (Versalles, Francia), Museo de Bellas Artes (Quimper, Francia), el Hermitage (San Petersburgo), GARF (Moscú) y otros. Muchas piezas fueron traídas por coleccionistas privados, tales como Bandman y Sorbak, verdaderos conocedores de sus tesoros, lo que llama un especial interés.

Los coleccionistas pueden decir mucho acerca de cada objeto exhibido, como por ejemplo sobre el colgante «Ángeles» de la colección del museo Gulbenkian: dos figuras cierran sus rostros con las manos en señal de duelo, inclinadas sobre un topacio, que representa el corazón de Cristo (los ángeles, son los ángeles de la muerte, y el colgante simboliza el luto). Sólo un verdadero coleccionista llamara la atención del visitante por un detalle, aparentemente insignificante: aquí, en el plafón, con una aspersión de cobre quedaron las huellas dactilares del artista...

René Lalique temprano escogió su camino, desde la infancia, su pasatiempo favorito era dibujar el mundo que nos rodea, la querida naturaleza de Champagne, donde el paseaba, mirando el microcosmos -reino de todo lo pequeño-, la belleza de los detalles, de los cuales se compone la plasticidad y la gracia de todas las cosas. Estos bocetos posteriormente se convertirían en material para sus fantasías, materializadas en los metales, esmaltes, joyas y en el «simple» a primera vista, vidrio.

Desde el año 1890, Lalique comenzó a crear algo nuevo en el arte de la joyería. Si anteriormente las joyas más preciadas eran justamente en las cuales había más alhajas, posteriormente al mundo se le ofreció un fino adorno de materiales mezclados, de piedras preciosas o semipreciosas. Los nuevos materiales son más flexibles, capaces de transmitir el relieve, concebido por el artista, las líneas concebidas en el bosquejo y los colores de tonos inusuales. La capacidad del material para transmitir la intención de Lalique se comenzó a apreciar más que su costo original.

El maestro audazmente experimentó con piedras semipreciosas, aleaciones misteriosas de esmaltes y metales. La amplia gama de tonos del ámbar, del blanco al cerezo denso y negro, colinda en las obras del maestro con la matidez de un caparazón de tortuga. La elegancia de los materiales naturales, la aparente sencillez del vidrio transparente, el brillo perlado del nácar, extravagantemente se combina en las obras de Lalique. El marfil, ópalo, piedra lunar, crisoprasa, ágata, perlas, esmalte, tomados del Oriente, todos ellos se transformaron en deslumbrantes joyas y Lalique fue capaz de convencer al público más exigente de su imperecedero valor.

La fama en vida de René Jules Lalique fue grandiosa. Él creó joyas para la incomparable Sarah Bernjardt. Según una versión, fue ella la que presentó al artista con Calouste Gulbenkian, un magnate de Kuwait de procedencia armenia, que más tarde se convirtió en el mecenas de René Jules Lalique (la colección de obras del joyero en el Museo Gulbenkian de Lisboa, hoy tiene cerca de 150 artículos y es una de las más grandes del mundo). A Lalique le encargaba joyas la emperatriz rusa Alejandra Feódorovna. En el año 1900, en la Exposición Mundial en París, a Lalique se le otorgó el Gran Premio y fue galardonado con la orden de la Legión de Honor.

La atención a los detalles atrae a los visitantes del stand de la exposición: ver rápidamente todos los objetos expuestos no se consigue. Graciosas libélulas, orquídeas, incluso la hierba cubierto de nieve fascina. El amor por algo más monumental, pero borroso y enigmático se manifiesta en las obras de cristal, a las cuales Lalique pasa a través de la escultura; hacia finales del año 1890 se refieren varias obras realizadas por la restablecida tecnología veneciana del siglo XIX de vidrio soplado en un marco de metal. La especial complejidad del proceso explica el hecho de que Lalique hizo pocas cosas en esta tecnología, incluyendo el florero «Los cisnes», las copas «Uvas» y «Piñas»...

En el año 1908, apenas comenzando a realizar arte en vidrio, Lalique conoció al perfumista François Coty, y creó para él la imagen de frascos, para cada perfume por separado. De cristal, Lalique no solo realizaba cosas exclusivas, sino también artículos en serie de gran tamaño, tales como lámparas, murales y fuentes. Uno de estos paneles decorativos -"soplador de vidrio" — está representado en la exposición en el Kremlin.

En Rusia, la habilidad de Lalique rápidamente encontró reconocimiento. En el año 1896, en el periodo de fortalecimiento de la alianza franco-rusa, durante la visita oficial del emperador Nicolás II y la emperatriz Alejandra Feódorovna, en París, el presidente francés Félix Faure obsequió al Zar de Rusia, como uno de los regalos oficiales, una copa decorativa de Lalique. Estaba hecha de vidrio en plata. Esta no fue la única obra con el nombre de Lalique, que atestiguó las relaciones de amistad de Francia y Rusia: René Lalique, junto con otras personalidades de la cultura francesa, ayudó a crear un álbum conmemorativo único de esa época, una encuadernación en cuero con la representación estampada del escudo de armas del Imperio Ruso, el revestimiento de plata en la parte frontal que representa el escudo de armas del Imperio Ruso, y el broche en el típico estilo de art nouveau se realizaron por René Lalique. En la exposición en el Kremlin se exhibe el boceto del mango del quitasol o paraguas, destinados a la emperatriz Alejandra Feódorovna.

La empresa Lalique continúo existiendo después de la muerte del gran maestro, quien murió el 05 de mayo 1945 en París, en el año ochenta y seis de su larga y colorida vida. La Marca todavía gravita en el tema de las aves y los insectos, que se realizan tan detalladamente, que logran parecer reales. Y hoy, las señoras de todo el mundo no dejan de apreciar las inimitables joyas, los misteriosos y elegantes frascos de perfume, los fantásticos jarrones e inolvidables aromas de Lalique.

La exposición en el campanario de la Asunción del Kremlin continuará hasta el día 10 de enero de 2011.